(en la foto manuel... te quiero mucho)Me he pasado temporadas completas en casa de mis suegros, he tratado de conocer el valle del Aconcagua de principio a fin, pero soy tan distraído. Nunca me había dado cuenta que en un cerro casi al centro de la ciudad está el Cementerio General de Quillota, de hecho, ni siquiera había reparado en un cerro en medio de la ciudad.
Los días pasan y el calor avanza y este verano trae relajos exprés: tratamos de estar mucho con nuestras familias. Ayer sábado fue el turno de la mía, terminamos la visita en el patio de noche con mucho calor, algunos tomando una simple bebida y otros un whisky escuchando las interesantes historias que nos contaba Manuel, mi padre. Desde niño siempre me ha gustado escucharlo, con la calidad de cada detalle soñaba que vivía las historias, me imaginaba cada una de ellas y lo curioso es que siempre hay algo que no he escuchado, siempre me sorprende con algo. Igual traté de ayudar a Cristián a explicarle ciertas cosas que para una familia militar son obvias. Fue una tarde muy amena, extrañaba ver a Manuel tan contento.
Viajar hacia el interior de noche se trasforma en toda una trama, la locomoción llena, con antisociales de toda clase, familias, gallinas, perros, gatos, elefantes etc., todos en una micro oscura y con Dvd escuchando la Noche… uffff, los olores se mezclan. Se suben en Limache unas gordas bien arregladas que parecen travestis con retención de líquidos, pintarrajeadas al máximo, oliendo toda clase aromas frutosos.
Las mañanas en Quillota empiezan muy temprano con los sonidos que mi suegra hace por toda la casa. Ella es una mujer que se duerme muy temprano pero que despierta al primer cantar de la gallina. Ya me acostumbré, mi sueño ya no se ve entorpecido por sus ruidos que se no lo hace para que me despierte, es su forma de ser inquieta, esos son los rasgos que más me gustan que adquirió Cristiàn.
Salimos en las bicicletas con una temperatura que bordeaba los 28º, adquirir velocidad sin polera montado en una mountain bike es una sensación libertad, recorrer paisajes verdes con olores a campo es increíble, son momentos para pensar, soñar, recordar. Llegamos a nuestro destino: el Cementerio General de Quillota, por todos lados calor casi sin sombra, un cerro lleno de pasajes con tumbas. Se puede ver gran parte de la ciudad desde arriba. Compramos flores para los abuelos y el vendedor nos prestó un balde para limpiar la tumba y una escoba todo por el mismo precio, realmente me sorprendí, no había visto gente así de amable. Salimos de ahí a toda velocidad y perdí el control de mi bici y resbale por los adoquines, casi provoco un accidente.
Llegamos sólo a comer, muchas verduras en la mesa y un gran postre de chocolate con melón y frutillas en mermelada. Todo exquisito.
Me gusta la vida en familia. Por estos días estoy leyendo “el resto es Silencio” de Carla Guelfenbein, hasta el momento la historia no me ha enganchado del todo voy en la pág. 47. He visto el nuevo reality del miedo y me gusto un poco, también el docureality “cuanto me quieres”, eso estuvo muy bueno. La próxima semana se viene un paseo en familia para celebrar el cumpleaños de Manuel: ahí estaremos.
Los días pasan y el calor avanza y este verano trae relajos exprés: tratamos de estar mucho con nuestras familias. Ayer sábado fue el turno de la mía, terminamos la visita en el patio de noche con mucho calor, algunos tomando una simple bebida y otros un whisky escuchando las interesantes historias que nos contaba Manuel, mi padre. Desde niño siempre me ha gustado escucharlo, con la calidad de cada detalle soñaba que vivía las historias, me imaginaba cada una de ellas y lo curioso es que siempre hay algo que no he escuchado, siempre me sorprende con algo. Igual traté de ayudar a Cristián a explicarle ciertas cosas que para una familia militar son obvias. Fue una tarde muy amena, extrañaba ver a Manuel tan contento.
Viajar hacia el interior de noche se trasforma en toda una trama, la locomoción llena, con antisociales de toda clase, familias, gallinas, perros, gatos, elefantes etc., todos en una micro oscura y con Dvd escuchando la Noche… uffff, los olores se mezclan. Se suben en Limache unas gordas bien arregladas que parecen travestis con retención de líquidos, pintarrajeadas al máximo, oliendo toda clase aromas frutosos.
Las mañanas en Quillota empiezan muy temprano con los sonidos que mi suegra hace por toda la casa. Ella es una mujer que se duerme muy temprano pero que despierta al primer cantar de la gallina. Ya me acostumbré, mi sueño ya no se ve entorpecido por sus ruidos que se no lo hace para que me despierte, es su forma de ser inquieta, esos son los rasgos que más me gustan que adquirió Cristiàn.
Salimos en las bicicletas con una temperatura que bordeaba los 28º, adquirir velocidad sin polera montado en una mountain bike es una sensación libertad, recorrer paisajes verdes con olores a campo es increíble, son momentos para pensar, soñar, recordar. Llegamos a nuestro destino: el Cementerio General de Quillota, por todos lados calor casi sin sombra, un cerro lleno de pasajes con tumbas. Se puede ver gran parte de la ciudad desde arriba. Compramos flores para los abuelos y el vendedor nos prestó un balde para limpiar la tumba y una escoba todo por el mismo precio, realmente me sorprendí, no había visto gente así de amable. Salimos de ahí a toda velocidad y perdí el control de mi bici y resbale por los adoquines, casi provoco un accidente.
Llegamos sólo a comer, muchas verduras en la mesa y un gran postre de chocolate con melón y frutillas en mermelada. Todo exquisito.
Me gusta la vida en familia. Por estos días estoy leyendo “el resto es Silencio” de Carla Guelfenbein, hasta el momento la historia no me ha enganchado del todo voy en la pág. 47. He visto el nuevo reality del miedo y me gusto un poco, también el docureality “cuanto me quieres”, eso estuvo muy bueno. La próxima semana se viene un paseo en familia para celebrar el cumpleaños de Manuel: ahí estaremos.

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